Diego Rivera trabajó en Europa desde 1907 hasta su regreso
a México en 1921. Fue en su regreso a un México
post-revolucionario que Rivera comenzó a pintar
magníficos murales, donde descansa gran parte de su
reputación. Un gran dibujante, Rivera era capaz de retratar a
la gente común: indios, marchantes y trabajadores con gran
dignidad y con un sentimiento monumental de la
proporción.