Pintura: Sobreviviendo Demencia
Por Arnaldo Roche
Enero 2004
Este grupo de pinturas forman parte del desarrollo de ideas relacionadas a
Fraternos: Vincent-El puente entre mi Hermano y Yo. Obras creadas entre los
años 2002-2003 y exhibidas en el Museo de Arte de Ponce de Puerto Rico.
Después de los sucesos del 11 de septiembre, contemplaba buscar una
manera de recoger a través de la pintura el arduo proceso humano de
resignación y restauración. El documentar destrucción y
tragedia puede hacerse de mil maneras. Recoger en imágenes cómo
los afectados por el mismo evento sobreviven la tragedia no sería tarea
fácil. La muerte inesperada no se comprende y no se puede justificar, lo
cual hace muy difícil el proceso de recuperación. Continuamos
viviendo en pedazos, reviviendo la tragedia entre recuentos de lo perdido y la
fabricación de imágenes fantasiosas de lo que pudo haber sido y no
fue.
¿Qué posibilidades tendrá en estos tiempos una pintura que
encierre lo que ardientemente deseamos? Ese sueño que se convierte en
nuestra identidad. Ese margen de nuestra realidad que nos permite continuar
viviendo y funcionando normalmente. Esas ideas que nos permiten terminar el
día como héroes. ¿Por qué nadie ha pintado la ciudad
del miedo? Una ciudad cuyos ocupantes, al salir de sus casas cada mañana,
se ven obligados a mirar hacia arriba, forzados a mirar de norte a sur y de este
a oeste para ver si nuevamente los aviones están cayendo del cielo. Yo no
puedo hablar por el dolor de una nación o por el dolor de una ciudad. Han
quedado sin aire, sin palabras y sin imágenes que vayan más
allá de lo anecdótico de su tragedia. El mayor reto que tenemos
los artistas contemporáneos frente a estos eventos no es uno de
originalidad sino uno de sinceridad.
¿Qué pasa si hacemos del lienzo un pulmón para respirar? Un
lugar donde la memoria sana más allá de imágenes de
carácter devocional o conmemorativo. Donde cada lagrima se paga con una
lagrima y cada dolor con dolor. De esto se trata el trabajo que he realizado en
los últimos años. Yo propongo mi propia historia. No para revivir
mi dolor sino para entender "la pintura como un mecanismo" que me haga flotar
por encima de mi naufragio.
La Historia
Pintura: Sobreviviendo La Demencia es sobrevivir el recuerdo de los eventos
trágicos que rodean a mi familia. Cuando tenía unos
veintiún años, mi ya fallecido hermano Félix culminó
la vida de mi hermana Nancy, al tomar una noche el arma de fuego de mi padre y
dispararle varios tiros mientras ella dormía en su cama. Yo tenía
catorce años y dibujaba sobre la mesa del comedor cuando esto
sucedió.
Mi hermano fue diagnosticado con esquizofrenia y entre reclusiones en
hospitales, vivió por intervalos con nosotros. Félix era altamente
paranoico, lo cual hacía muy difícil su medicación. En
algunas de sus recaídas volvía al pueblo de Vega Alta donde
ocurrieron los fatales sucesos para ser devuelto por familiares ó amigos.
En una ocasión mi hermano no regresó como lo había hecho en
varias ocasiones anteriores. Luego de seis meses de buscarlo por radio y
televisión, apareció muerto por deshidratación y hambre en
unos campos del área rural.
La obra realizada en los últimos años no explora el problema de
percepción o el aislamiento que padecen estos enfermos. Estas
imágenes apuntan al reconocimiento de un pasado que aún
está activo. Esa memoria que siempre moldea nuestra identidad.
En mi pintura, el tema de la muerte o el suicidio quedó literalmente
escondido y rechazado por más de tres décadas. La persona que haya
vivido junto a un enfermo mental entenderá mi ansiedad al realizar estas
pinturas. No busco identificar al bueno o al malo. Tampoco busco confrontar la
vida o reclamarle nada a Dios. Busco, entre otras cosas, narrar el encuentro
entre personajes que me recuerden lo importante que es estar vivo, y para esto
Vincent Van Gogh ha sido un medio perfecto.
Pinto el dolor sin reclamar la libertad creativa del subconsciente o la
independencia de los elementos fundamentales de la pintura. Yo me veo como un
espíritu que desea manifestarse en la materia. Un intoxicado que quiere
decir algo como mejor pueda. El visionario que, metido en su propia cueva,
entiende que por más oscuras o intensas que se vean sus imágenes,
éstas forman parte de un proceso de salir a la luz. Por eso mi dolor
está lleno de colores. Y los arañazos no son los de un gato que
ha caído en el agua sino los del león que reclama el dominio de su
territorio.
En Los Comienzos
En Chicago, entre los años 1980-1982, al descubrir que padecía de
un desbalance de azúcar, fue necesario que arañara el papel para
crear una serie de autorretratos que me hicieran sentir "real". Uno de ellos
sería Escarbando el espíritu de la carne, medio mixto sobre papel,
en 1980.
Luego de estos autorretratos y a la luz de un nuevo régimen alimentario
fue que tomé la decisión de romper con el pasado y todo aquel
dolor que intentaba estancar mi desarrollo como individuo. Empecé por
romper fotos y recuerdos de todo tipo. Me propuse literalmente no guardar ni
coleccionar nada, ni siquiera arte. Había que darle espacio al Roche
renovado. En aquel momento tomé la decisión de abandonar mis
autorretratos para empezar el proceso emocional de reconocer a los demás.
Esta necesidad culminó con una complicada técnica donde el modelo
posa bajo el lienzo suelto, a manera de sábana, y se calca su forma por
el otro extremo previamente pintado con capas de óleo.
Ya no tenía que mirar al pasado. Identifiqué al niño dentro
de mí que gozaba al celebrar este aspecto físico y
psicológico de mi técnica. La pintura se convirtió en un
ejercicio de descubrimiento. Pude unificar sobre el lienzo técnicas de
grabado y principios de escultura. El óleo se convirtió en un
medio sagrado.
El Retorno
El mundo visual creado por Vincent funciona como estructura para este
acercamiento a lo que se ha perdido. Mi hermano era todo aquello a lo cual yo
quería acercarme. Era Félix el que generaba en mí toda
curiosidad. En aquellos catorce años era mi hermano y no mi padre "el
gran espejo". Tanto Félix como Vincent fueron demolidos por la demencia.
Ambos cometieron actos suicidas frente al paisaje rural.
Gran parte de nuestro pensamiento raya en la fabricación de lo absurdo,
de lo imposible. En esta historia hay que tener presente que no hay un
guión ni paralelismos que seguir de cerca. No hay cartas ni yo soy Theo.
Estas imágenes hablan de encuentros totalmente irreales, fabricados. En
ningún cuadro aparece el rostro real de mi hermano. Los cuerpos son
calcos de mis asistentes en las que el rostro de Vincent o el mío se
encajan.
Todos tenemos secretos de cómo logramos sobrevivir. Interactuamos entre
nosotros mismos buscando esos individuos y símbolos que llenen nuestro
esquema de supervivencia. Cuando encuentro los míos terminan bajo los
lienzos hechos pintura, para recordarme de que aún estoy vivo, que he
tenido que aceptar que el dolor es parte de mí. Que la memoria
engaña, que pintar para otros sería más conveniente que
pintar para uno mismo. Que mis deseos de vivir me lanzan nuevamente frente al
espejo de mi propia imagen, obligándome a completar un rompecabezas.