Texto de Mario Vargas Llosa. Transcritas por Jenise Ramos

Cuando supe por Fernando de Szyszlo que iba a haber una exposición suya en México aquí en el Colegio de San Ildefonso me alegré mucho, porque siempre he pensado que como las personas, los objetos artísticos tienen también ciertos lugares que les son propicios; personas que en determinados lugares se sienten mejor, como si esos lugares hubieran estado esperándolos y de alguna manera existieran para ellos.

Creo que quienes van a ver esta exposición de Szyszlo, en San Ildefonso, van a advertir inmediatamente una gran simpatía, una gran consonancia entre la pintura de Szyszlo y este maravilloso entorno donde se lucen hoys us cuadros. 

Hay una profunda afinidad entre estas piedras que están cargadas de historia, y que albergan hoy día grandes pintores mexicanos, y la pintura de Szyszlo, que está también cargada de historia y de pasado a pesar de ser tan moderna y mantener muy viva su contemporaneidad. 

La pintura de Szyszlo aparentemente es no figurativa, pero no lo es si la definición de no figurative es la de una pintura hecha de colores y de formas, sin referencias a la realidad.  La pintura de Szyszlo está profundamente enraizada no en una realidad, sino en muchas realidades.  En la antigüedad, desde luego: en el mundo prehispánico por el que él siempre ha sentido una enorme curiosidad y un gran amor.  El pasado peruano ha depositadoen en sus cuadros colores y formas que inmediatamente nos remiten a ese mundo anterior a la articulación del Perú y de América con el Occidente, un mundo que, al igual que en México y en el Perú, permitió se desarrollaran culturas y civilizaciones extraordinariamente avanzadas para su tiempo y en las que un arte muy rico, muy vivo, atestigua en el presente la fuerza y el vigor de ese pasado.

Ese arte ha inspirado a Szyszlo y está presenta como motivos y también como colores y formas en los muros, en la escaleras, en las alusiones de andenerías que frecuentan sus cuadros.  Hay en ellos algo siempre muy misterioso: unos aposentos, por ejemplo, que recurren de una manera constante, con unas escaleras que conducen nadie sabe a dónde, que nos intrigan y estimulan la imaginación.  Unos aposentos que tienen algo de laberinto, de iglesia, de centro de rituals, y acaso de rituales sangrientos y terribles y de una gran violencia, porque en esos aposentos reaparece siempre una figura extraordinariamente enigmática, una presencia que siendo monstruosa al mismo tiempo es siempre humana, una figura que nos recuerda la violencia de que está cargada la historia, no solo del Perú sino de América y del mundo; una figura que a ratos parece venir de las pesadillas que pueblan las noches de las gentes , y que a veces parece encarnar esos rituales que a lo largo de la historia han creado las sociedades para defenderse de los miedos y de la ignorancia que forman parte del pasado de toda civilización.

Al mismo tiempo, estos cuadros aparentemente no figurativosa veces nos comunican tristeza, a veces melancolía, y a veces el amor y la passion.  Esas figures a veces se cargan de una extraordinaria sensualidad y aparece ahí el acto del amor con toda su fuerza carnal y también con su carga de sensibilidad y de emotividad.  Son cuadros donde el paisaje peruano suele estar muy presente. Aquí he visto que hay uno de los cuadros de una serie que se llama Camino a Mendieta: son unos cuadros que evocan maravillosamente los desiertos de la costa peruana por los que Szyszlo ha tenido siempre una gran pasión. Y a mí me ha emocionado ver el título Camino a Mendieta porque me ha recordado los muchos años que en los veranos limeños íbamos con Szyszlo y un grupo de amigos a bañarnos a Mendieta, ahí a unos 200 kilómetros al sur de Lima, precisamente en una zona que en el pasado produjo unas culturas pequeñas de extraordinaria sensibilidad que nos han dejado unos tejidos y unos mantos de plumas que figuran entre las muestras más ricas y preciosas del arte prehispánico.

 Y al mismo tiempo la pintura de Szyszlo es una pintura que trasciende las fronteras del Perú y de América, una pintura que debe mucho a Europa y a los grandes maestros europeos, al Renacimiento y a la época moderna, y también a la literature y a las mejores ideas de Occidente.  Porque Szyszlo ha sido siempre, toda su vida, un lector voraz de literatura, un gran conocedor de poesía, de novela, de ensayo, y todo eso ha dejado un sedimento en sus cuadros.  Es imposible verlos y no sentir, de alguna manera, la presencia de toda la extraordinaria riqueza de la cultura, del arte y de la literatura de Europa.

Creo que es una de las exposiciones más bonitas que he visto de Szyszlo, una exposición que se enriquece extraordinariamente con la vecindad de los grandes maestros mexicanos, con la belleza de este entorno y también con la realidad de este país, un país de tanto vigor y de tanta fuerza que parece encontrar una consonancia extraordinaria con el mundo creado con la imaginación y los pinceles de Fernando de Szyszlo. 

Felicito a los organizadores de esta exposición y me alegro con todos ustedes de que tengamos la posibilidad de pasar unos momentos extraordinarios y enriquecedores con la pintura de uno de los grandes maestros del arte americano.  Muchas gracias. 

Palabras del escritor Mario Vargas Llosa, en la inauguración de la exposición Fernando de Szyszlo. Elogio a las sombras  

Viernes 4 de marzo, 2011.
Antiguo Colegio de San Ildefonso
Centro Histórico de la ciudad de México